RECTO Y CANAL ANAL, COMO FUNCIONA
Su particular distribución muscular posibilita al recto servir tanto como reservorio de la materia fecal y como una bomba para evacuar la misma.
La capacidad para mantener la continencia requiere de la integridad de los esfínteres del ano, de la musculatura del piso de la pelvis, de la función del nervio pudendo, de la ¨compliance¨ ( capacidad de adaptación) y de la sensación rectal. Cuando uno o mas mecanismos de continencia se alteran en un grado en que los otros no son capaces de compensarlo se produce la incontinencia.
La distribución especial de la musculatura del recto le permite servir como un reservorio de la materia fecal y como una bomba para evacuar la misma.
En
circunstancias normales el recto está vacío durante la mayor parte del tiempo y
sólo de vez en cuando llega materia fecal o gas desde el colon. Cuando el
contenido rectal ha alcanzado el anillo ano-rectal se percibe que hay algo, su
consistencia (heces o gas) y su cantidad. En este momento se toma la decisión
consciente de defecar o no. Si se decide no hacerlo el material se vuelve a
transportar desde el recto hasta el sigma.
La decisión de defecar, desde un punto de vista fisiológico, significa que se
relajan el esfínter anal externo y el músculo pubo-rectal y al mismo tiempo, se
contraen los fascículos musculares laterales del músculo elevador del ano. Esta
maniobra produce un descenso del periné, pasando a ser más obtuso el ángulo
ano-rectal; los músculos del periné forman un verdadero embudo donde desemboca
el canal anal.
Para que sea posible la defecación tiene también que relajarse el esfínter anal
interno, que no se controla de forma voluntaria (músculo liso).
El esfínter anal interno (E.A.I) se relaja siempre como parte del llamado
reflejo rectoanal inhibitorio, que puede desencadenarse por la presencia de
heces en el recto. Si el volumen que produce la distensión rectal es pequeño, la
relajación del esfínter es corta; si la distensión rectal es producida por
volúmenes mayores, la relajación del esfínter se mantiene mientras que el recto
esté ocupado.
Luego de relajarse el E.A.I. el contenido rectal puede entrar en contacto con la
mucosa del canal anal proximal. Esta zona posee receptores sensoriales
específicos que permiten diferenciar si el contenido es gaseoso, líquido o
sólido. Si el E.A.I. permanece relajado durante más tiempo, hay que contraer
voluntariamente el E.A.E. para contener el contenido rectal.
Después de evacuarse el intestino se contrae el E.A.I. de forma espontánea
recuperando su tono en reposo.
En resumen, los componentes dinámicos que permiten la continencia fecal son:
1)la llegada del contenido colónico al recto
2)la distensibilidad y el acomodamiento rectal
3) las respuestas del esfínter anal interno (liso, involuntario)
4) la sensibilidad rectal y pelviana
5) la respuesta del músculo esquelético consistente en la relajación del músculo rectopubiano más el esfínter anal externo, y la contracción del músculo elevador del ano, de los rectos anteriores del abdomen y el diafragma.
Capacidad de continencia
La
continencia permite posponer la evacuación hasta que sea oportuno.
Si se resiste el impulso de defecar, cuando el contenido rectal está compuesto
por heces liquidas o sólidas, la sensación desaparece luego de algunos minutos
de forma espontánea. Como parte de la defecación puede comenzar una onda de
contracción masiva en el colon izquierdo.
Cuando se retienen las heces, es posible que se interrumpa éste movimiento en
el colon. Probablemente el EAI se ha cerrado otra vez, las heces han vuelto al
intestino proximal y el recto se ha adaptado al nuevo volumen: relajación
adaptativa.
Se puede volver a sentir ganas de defecar cuando llegan más heces desde el colon
al recto o cuando las heces, debido a las contracciones rectales, vuelven a
transportarse hasta la zona de transición ano-rectal.
La mayoría de las personas tienen ganas de evacuar el intestino cuando hay entre
6O y 1OO ml. de heces en el recto. Cuando el recto se llena demasiado la
necesidad de defecar se hace irresistible. En la mayor parte de las personas
esto sucede con un contenido rectal entre 25O y 4OO ml. de materia fecal,
denominado volumen tolerable máximo.
Población bacteriana del colon
En el
momento del nacimiento el tracto intestinal es estéril y los animales criados en
un medio ambiente libre de gérmenes no tienen microorganismos en la luz
intestinal.
Por lo tanto la flora intestinal deriva solo del medio ambiente.
En una gran variedad de especies animales y en el ser humano pocas horas después
del nacimiento, ya se hallan en el tracto intestinal poblaciones de
microorganismos coliformes y estreptococos .Veinticuatro horas más tarde se
establecen los lactobacilos anaerobios y los enterococos cuyo número aumenta en
forma gradual en los siguientes diez a veinte días, lapso durante el cual
disminuyen los coliformes.
Las especies de los bacteroides, destinadas a convertirse en los constituyentes
dominantes de la flora colónica, aparecen a los diez días y proliferan
rápidamente.
Tres o cuatro semanas después del nacimiento, la flora característica de cada
huésped está bien establecida y no cambia habitualmente en forma significativa.
El estómago y el intestino delgado normalmente contienen cantidades
relativamente pequeñas de bacterias. Los cultivos de material del yeyuno no
permiten identificar desarrollo bacteriano en una tercera parte de los
voluntarios sanos.
Puede haber coliformes en forma transitoria en el yeyuno sano, pero en baja
concentración y probablemente representen contaminantes ingeridos en su camino
hacia el colon. No se hallan especies de bacteroides.
Desde el punto de vista microbiológico, el íleon representa una zona de
transición entre la escasa flora del estómago e intestino proximal y la muy
densa población bacteriana del colon.
El cambio más notable ocurre después de la válvula ileocecal, en donde el número
de microorganismos aumenta hasta un millón de veces. La flora del intestino
grueso está dominada por microorganismos anaerobios (no requieren de oxígeno
para desarrollarse) como las especies de bacteroides, los lactobacilos
anaerobios y los clostridios. La complejidad de la flora colónica puede
demostrarse al haberse encontrado más de 4OO especies diferentes en el cólon de
una sola persona.
Las bacterias tienen importantes funciones sobre el organismo. Sirven para
metabolizar el colesterol y las sales biliares. Algunas enzimas producidas por
bacterias hidrolizan las formas conjugadas de hormonas como los andrógenos y
estrógenos, necesaria para su reabsorción intestinal. Metabolizan lípidos,
proteínas e hidratos de carbono que llegan al intestino grueso. Sintetizan
ácidos grasos, los que son responsables de diarrea en algunas personas que
absorben mal las grasas, con su especial olor agresivo.
Degradan la urea y las proteínas en la luz intestinal para producir amoníaco.
Las disacaridasas son enzimas que desdoblan los disacáridos (azúcares de la
dieta) no absorbidos y los fermentan para formar ácidos acético, propiónico y
butírico, lo cual produce heces quemantes y ácidas.
Los ácidos grasos de cadena corta, producto de la fermentación bacteriana de los
hidratos de carbono, son importantes para la integridad normal de la mucosa
colónica.
La diarrea inducida por antibióticos puede ser el resultado de la alteración de
este proceso de fermentación. La presencia de sustratos producto de la
alimentación, como las fibras dietarias presentes en cereales, legumbres y
algunas frutas, al no ser absorbidos en el intestino delgado, se ofrecen al
colon y son atacados por las bacterias produciendo aumento de la masa fecal.
Tienen importante participación en el metabolismo de medicamentos, también
intervienen en la síntesis de vitaminas como la B 12.
Los factores que son fundamentales para limitar el crecimiento bacteriano, son
el ácido clorhídrico del jugo gástrico y la motilidad intestinal.
Los movimientos del intestino delgado barren hacia el cólon los gérmenes. Cuando
la motilidad se enlentece (por edad avanzada de la persona, debido a trastornos
motores después de determinada cirugía del aparato digestivo o, también,
producto de algunas enfermedades) se produce crecimiento bacteriano.
Dicho sobrecrecimiento en el intestino delgado, cuya flora en estos casos se
asemeja a la del cólon, es perjudicial pues los microorganismos alteran
distintas substancias y procesos necesarios para la digestión y compite con el
huésped humano por los nutrientes ingeridos, incluso con la producción de
metabolitos tóxicos que afectan directamente a los enterocitos (células
intestinales).
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del Recto y canal anal
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Fellow del American College of Gastroenterology Miembro de la Sociedad Argentina de Gastroenterología Profesor Auxiliar de Medicina de la U.B.A. |
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