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HÍGADO Y ALCOHOL
El abuso del alcohol puede afectar adversamente casi todos los órganos
del cuerpo. El hígado es particularmente sensible a esta injuria
porque es el lugar responsable de la mayor parte de la oxidación
del etanol. El etanol y aún en forma más importante, sus
metabolitos, parecen ser los responsables de los efectos tóxicos
del alcohol. También otros alcoholes, aldehídos u otras moléculas
orgánicas presentes en bebidas alcohólicas pueden contribuir
a la toxicidad del tejido hepático.
El etanol se difunde rápidamente por las membranas celulares
Se absorbe primariamente en el intestino delgado y, en menor grado, en
el estómago. Su grado de absorción está influenciada
por el tipo de bebida alcohólica ingerida (las bebidas destiladas
se absorben más rápido que la cerveza y el vino), el grado
de vaciamiento gástrico y la calidad y tipo de alimento ingerido.
Los carbohidratos son los inhibidores más potentes de la absorción
del etanol y las proteínas los más débiles.
Luego de su absorción el etanol es llevado al hígado
por la circulación portal antes de entrar en la circulación
general. Su metabolismo ocurre primariamente en el hígado pues sólo
un 2 al 10% del etanol absorbido es eliminado por el riñón
y el pulmón. Esta relativa especificidad orgánica del metabolismo
del etanol explica las severas alteraciones metabólicas que le causa
la hígado.
El alcohol también es capaz de desplazar otros substratos
utilizados normalmente por el hígado, pues el etanol es uno de sus
combustibles preferidos. El alcohol no puede almacenarse, por lo que obligatoriamente
debe tener lugar el proceso oxidativo que ocurre predominantemente en el
hígado. Un individuo sano no puede metabolizar más de aprox.
140 gr. de alcohol al día, lo cual es una importante cantidad si
consideramos que una lata de cerveza de 250 cc.contiene 10 gr. de
etanol y una medida de whisky contiene 12 gr. y cuatro vasos de vino,
10 gr.
Se ha dicho que existe riesgo de desarrollar daño hepático
a partir de la ingesta de 30 gr. diarios de alcohol, el que puede ser severo
a partir de 120 gr. por día.
Un gramo de alcohol proporciona 7 calorías, de manera que
puede considerarse que para muchos alcohólicos, el alcohol es el
combustible con que funcionan. Son calorías vacías, que sólo
suministran energía, pero no contribuyen a mejorar el estado nutricional.
Tras una dosis estándar de etanol, los niveles sanguíneos
del mismo son más altos en las mujeres. Probablemente, porque como
promedio, tienen un menor volumen de distribución (menor superficie
corporal). Esto hace que las alteraciones hepáticas por alcohol
adopten una característica más desfavorable.
Los hábitos de comportamiento con respecto a la bebida tienen
aspecto hereditario, aunque no se ha demostrado la existencia de un marcador
genético único que se asocie con la susceptibilidad para
desarrollar la lesión hepática inducida por el alcohol. No
obstante, la tasa de eliminación del alcohol varía hasta
el triple de unos individuos a otros.
El alcohol puede aumentar los requerimientos mínimos diarios
de diversos nutrientes como la colina (un aminoácido esencial) y
el ácido fólico (necesario para los glóbulos rojos).
Los déficit nutricionales, especialmente de proteínas, pueden
promover los efectos tóxicos del alcohol mediante la deplexión
hepática de aminoácidos y enzimas. Puede que exista un rango
de ingesta alcohólica que se tolere sin lesión hepática
bajo condiciones dietéticas óptimas. Es probable que exista
un umbral de toxicidad alcohólica por encima del cual ninguna modificación
de la dieta pueda proteger.
Cambios en el hígado producidos por el alcohol
Habitualmente se los clasifica en tres tipos: 1- Hígado
graso (esteatosis), 2- Hepatitis alcohólica y 3- Cirrosis.
El alcoholismo es la causa mas común asociada con esteatosis
(hígado graso) y esteatohepatitis (esteatosis mas injuria celular
con inflamación aguda asociada con y sin fibrosis).
Observación del tejido hepático con microscopio con
signos de marcada infiltración grasa en las células, figura
31 y observación de la coloración del hígado debida
a la infiltración grasa inducida por alcohol, figura
32).
En la esteatosis los lípidos se acumulan en gotas grandes
(macrovesiculares) y pequeñas (microvesiculares)
No todos los que abusan del alcohol sufren lesión hepática.
La incidencia de cirrosis (enfermedad en la que el hígado
pierde células hepáticas funcionales que son reemplazadas
por tejido fibroso con formación de nódulos que comprimen
la circulación dentro del hígado) es de alrededor del 15
%. No se conoce la explicación de la predisposición de algunos
a desarrollar dicha enfermedad.
El tipo de lesión hepática no se relaciona con la
clase de bebida, sino sólo con su contenido de alcohol.
La ingesta diaria continuada es más peligrosa que el consumo
intermitente, en el que se le da al hígado una oportunidad para
recuperarse. No debería beberse alcohol al menos dos días
por semana.
El abuso del alcohol puede caracterizarse como:
- Un impedimento significativo para cumplir con las obligaciones
en el hogar o en el trabajo;
- beber en situaciones de riesgo;
- la necesidad de aumentar la ingesta de alcohol para lograr el
mismo efecto (tolerancia);
- falta de éxito en el esfuerzo para controlar su ingesta;
- pasar un tiempo prolongado bebiendo o recuperándose de
sus efectos;
- beber a pesar de tener problemas de salud vinculados a su ingesta.
La mayor parte de las personas que abusan del alcohol están
propensos a desarrollar un hígado graso de causa alcohólica
(condición reversible al dejar la ingesta). Un 15% puede desarrollar
una hepatitis alcohólica o cirrosis. Es importante identificar a
los que beben en exceso con riesgo de desarrollar una enfermedad hepática
antes de que se produzca una etapa avanzada de su afección, para
promover medidas que conduzcan a su abstinencia. Las complicaciones en
las etapas avanzadas pueden ser: sangrado por várices esofagoástricas,
compromiso neurológico central (encefalopatía) e insuficiencia
hepática.
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