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COMO SE QUEJA: SÍNTOMAS.
Es parte de la tradición popular atribuir a todo malestar
localizado en el abdomen superior, acompañado o no de síntomas
generales como ser: cefalea, somnolencia, cansancio generalizado, tendencia
a bostezar, mal semblante, etc., a un padecimiento hepático.
Tal es así, que frecuentemente luego de una comida copiosa
o de la ingesta de algún alimento al cual existe intolerancia, se
rotulan los malestares digestivos con la conocida expresión "me
dio un ataque al hígado".
En realidad, ninguno de estos síntomas tienen su origen en
la glándula hepática.
El hígado tiene una gran capacidad funcional para responder
a las demandas metabólicas del organismo e incluso existen variaciones
en la capacidad de las células hepáticas de acuerdo a la
zona en que se encuentren. Además, es un aspecto importante de la
misma su potencial de proliferación y regeneración. Esto
último se observa en los ocasionales casos de daño agudo,
en los cuales, si la persona afectada puede ser sostenida durante el período
agudo de injuria, puede producirse una recuperación total.
El hecho que el hígado tenga una circulación doble
lo constituye en filtro de la mayor parte del drenaje venoso de los órganos
abdominales. Esto lo lleva a comprometerse en forma secundaria con muchas
afecciones que originariamente no le son propias.
Su disposición anatómica a nivel del sistema venoso
portal lleva a la llamada hipertensión portal (aumento de la presión
dentro de ese sistema de vasos sanguíneos), complicación
frecuente de la enfermedad hepática crónica en la cual las
zonas de cicatrización , seguidas de regeneración, llevan
a la distorsión de los vasos sanguíneos dentro del hígado
.
Clínicamente, los signos y síntomas (quejas) de esta
situación son: aumento del tamaño del bazo, hemorragia gastrointestinal,
acumulación de líquido en el abdomen (ascitis).
Si la anatomía del trayecto o tracto biliar (desde el canal
microscópico vecino a la célula hepática hasta el
canal principal que lleva la bilis al duodeno) está modificada por
causas inflamatorias u otras, se produce colestasis (rémora en el
flujo de la bilis). Esto se traduce en síntomas como ictericia (color
amarillento en la piel y las mucosas por acumulación de la bilis),
prurito (picazón generalizada) y alteraciones en el laboratorio.
Signos de falla hepática aguda o de enfermedad crónica
avanzada puede manifestarse por ictericia, anorexia (falta de apetito),
pérdida de peso, fiebre, trastornos en la coagulación de
la sangre o episodios de confusión mental.
Desórdenes del metabolismo de la bilirrubina.
Están relacionadas con las siguientes etapas de su metabolismo.
,
1)La mayor parte de la bilirrubina proviene de las proteínas
del grupo hem (la más importante es la hemoglobina
proveniente de glóbulos rojos senecentes mediante una reacción
que se lleva a cabo fundamentalmente en el bazo.
2)La bilirrubina circula unida a la albúmina y se separa
de la misma para entrar en la celula hepática.
3)La célula hepática transfiere la bilirrubina de
la circulación extrayendola de la albbúmina en la superficie
sinusoidal del hepatocito , la internaliza por difusión facilita
y la almacena.
3)En la célula hepática se combina (conjuga)con
ácido glucurónico , reacción en la que interviene
la enzima glucuronosiltransferasa constituyendo dos tipos de glucuronidos
de bilirrubina.El 80% del pigmento (bilirrubina) pre
sente en la bilis consiste en bilirrubina diglucurónido.
De los dos tipos de bilirrubina presentes en el suero (análisis
de laboratorio que habitualmente se informa al pedir el médico un
hepatograma) un tipo correspode a la bilirrubina llamada directa, que corresponde
a la fracción conjugada ,y es normalmente mayor. La otra variedad
es la bilirrubina indirecta (por que reacciona en forma indirecta con determinado
reactivo,que correspode a la bilirrubina no conjugada .
4La bilirrubina conjugada se transporta en la bilis desde
el hígado , por los canales biliares, hasta el intestino.
Un aumento en la concentración de bilirrubina del tipo
no conjugado o indirecta podrá observarse en
1)acortamiento de la vida del glóbulo rojo,por mayor destrucción
del mismo, como se observa en las anemias llamadas hemolíticas.
En éstos casos hay un aumento en la producción de bilirrubina
del tipo indirecto o sea no conjugado (no pasó por el hígado
para poder conjugarse) no suele ser mayor de 4 mg.por dl. La función
del hígado está conservada.
2)Afecciones asociadas con una deficiencia de la conjugación
de la bilirrubina (disminución de la enzima UGT )
a)La causa más común de hiperbilirrubinemia (niveles
en sangre mayores al normal) no conjugada es la ictericia del recién
nacido. Es debida a la combinación de una aumentada producción
de bilirrubina y a la inmadurez de la enzima glucuroniltransferasa (UGT).
Este tipo de ictericia puede aumentar con la lactancia por la presencia
de un inhibidor de la (UGT) en la leche de algunas madres.
b)La ausencia total de actividad de la enzima gluronosiltransferasa
es sumamente raro , fué descripto por Crigler y Najjar en 1952.El
llamado tipo 1 ocurre en forma hereditaria y suele llevar a la muerte durante
el período neonatal o en los primeros años de vida
debido al efecto tóxico de la bilirrubina sobre los centros cerebrales.
La otra variedad de este sindrome, llamado de tipo 2, es usualmente
benigna, la concentración aumentada de bilirrubina desciende al
inducirse la actividad de la enzima ,en éste caso presente
aunque deficiente, con fenobarbital u otros agentes que inducen las enzimas
de la célula hepática.También es hereditario, de causa
no bien conocida.
c)La forma más benigna y común de hiperbilirrubinemia
no conjugada, por disminución de la actividad enzimática
de la UGT, es el llamado sindrome de Gilbert. La actividad enzimática
es de un 25% a 30% del normal y se refleja por la menor proporción
de bilirrubina directa (conjugada ) en los exámenes de sangre la
que en sus valores totales (suma de bilirrubina directa más
indirecta) no suele exeder de 3mg por dl..
La concentración de bilirrubina en sangre puede aumentar
durante el ayuno, durante dietas de adelgazamiento rigurosas, durante enfermedades
intercurrentes, si hay aumento de función de la glandula tiroides
(hipertiroidismo), el período menstrual,actividades físicas
enérgicas, administración de medicamentos que también
requieren de conjugación por el hígado con la enzima que
ya se encuentra disminuída. La hiperbilirrubinemia aumenta en la
enfermedad de Gilbert después de un ayuno de 48 horas.Esta afección
no require tratamiento y el médico consultado, luego de comprobar
el diagnóstico reasegura al que la padece que su expectativa de
vida es absolutamente normal,que la hiperbilirrubinemia permanecerá
toda la vida y no se asocia con mayor morbilidad.
En relación a los seguros de vida las personas con Gilbert
tienen un riesgo normal.
Desórdenes asociados con cambios del metabolismo de la bilirrubina
conjugada
Hay dos desórdenes hereditarios asociados con hiperbilirrubinemia
conjugada y no relacionados con la actividad} de la UGT
1) el sindrome descripto por Dubin y Johnson en 1954 que se caracteriza´por
moderada hiperbilirrubinemia ( 2 a 5mg por dl.) predominantemente conjugada
en un hígado con coloración negruzca por la acumulación
de un pigmento del tipo de la melanina. Se considera que es debido a una
anormalidad de la excreción por el canalículo biliar de solutos
orgánicos excepto los ácidos biliares. Las pruebas
de funcionamiento hepático son normales.
La afección es inocua.
2)Sindrome descrito por Rotor en 1948. Se asemeja al Dubin Johnson
,salvo en que la coloración del hígado es normal. También
es de tipo hereditario y la anormalidad parece estar en la captación
y almacenamiento de la bilirrubina en el hígado Al igual que el
caso anterior es inocuo .
Pruebas de laboratorio de la función hepática.(Hepatograma).
Considerando el número y la complejidad de tareas realizadas
por el hígado, no debe sorprender que no exista una única
prueba confiable para determinar su función. Esta debe ser evaluada
mediante exámenes y marcadores de enfermedad hepatobiliar que el
médico suma a la información clínica y al exámen
de su paciente.
Muchos de estos exámenes identifican enzimas y otras sustancias
liberadas a la sangre, como resultado del daño a las células
hepáticas, pero no determinan el funcionamiento hepático
perse.
Otros marcadores de enfermedad hepatobiliar proveen una amplia e
indirecta información del funcionamiento hepático. La medición
de la bilirrubina en suero, la fosfatasa alcalina y el colesterol, pueden
indicar en general, la presencia de colestasis -estasis del flujo de la
bilis-.
En forma similar, la anormalidad de la albumina, del colesterol
y de determinados factores de coagulación de la sangre -tiempo de
protrombina- pueden reflejar alteraciones, aunque no exclusivas, de la
capacidad del hígado para sintetizar, degradar y excretar proteínas
y líquidos. Finalmente la medida de las globulinas -proteínas
de la sangre- pueden sugerir trastornos en la capacidad inmunológica,
pero no aportan información de cuáles son las anormalidades
específicas.
Cuando el médico integra los resultados de un exámen
de laboratorio con la información clínica, éste examen
es de utilidad solo si agrega información a lo que podría
sospecharse en base a la historia y exámen clínico y
deben ser evaluado dentro de éste contexto y no en forma aislada
.
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