Es un órgano en forma de saco, cerrado en la parte superior
por el esfínter esófago gástrico (EEI) y en la inferior
por el píloro (figura 16). Se divide de proximal
a distal en: fundus, cuerpo y antro pilórico. Recibe el alimento
que le llega del esófago y lentamente lo va movilizando hacia las
partes distales del Aparato Digestivo. Por dentro su mucosa es de aspecto
rugoso con forma de pliegues sobre todo en el cuerpo, lo que facilita el
contacto con los alimentos que recibe. Su epitelio contiene células
glandulares que segregan una capa de moco para proteger la mucosa contra
los efectos del ácido y la pepsina del jugo gástrico.
La mucosa en el cuerpo gástrico tiene un aspecto tubular que contiene
las células parietales y células principales. Las células
parietales segregan ácido clorhídrico, que es una de las
principales funciones del estómago. Las células principales
producen pepsinógeno que luego se convierte en pepsina, enzima
necesaria para digestión de las proteínas. También
colabora en la absorción de hierro, B12 y calcio y previene la sobrecarga
bacteriana.
En 1920 se estudió en un soldado, Alexis St. Martin, que tenía
una herida en el estómago, la presencia de ácido clorhídrico
en el jugo gástrico y su comportamiento ante distintas situaciones
de la vida diaria. Luego Iván Pavlov, estableció el rol de los nervios
en la regulación de la secreción gástrica. La caracterización
de la gastrina en el antro gástrico por Rod Gregory, y la identificación
del receptor H2 en el fundus por James Black, revolucionaron la comprensión
y el tratamiento de los trastornos ácido/pepticos. Más recientemente
la identificación de la bomba de protones en la célula parietal
por John Forte y George Sachs y el reconocimiento del rol prominente del
Helycobacter Pylori en la patogénesis de la úlcera gástrica
y duodenal por Warren y Marshall han traído una mayor comprensión
y mejor tratamiento de estas afecciones. No solo pueden curarse las úlceras
pépticas (llamadas así porque el ácido que contribuye
en su causa contiene pepsina) más rápidamente con los inhibidores
de la bomba de protones. También, las úlceras refractarias
prácticamente han desaparecido. La erradicación del Helycobacter
Pylori con antibióticos asociados a un inhibidor de la bomba del
ácido ofrece por primera vez una cura permanente para muchas úlceras.
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estómago
Dr.: José Luis Bondi Fellow del American College of Gastroenterology Miembro de la Sociedad Argentina de Gastroenterología Profesor Auxiliar de Medicina de la U.B.A.