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NEOPLASMAS DE COLON
1. FORMAS GENETICAMENTE HEREDADAS
Las dos formas mas comunes son la poliposis familiar adenomatosa (PFA) y la
forma hereditaria no poliposa (HNP). Juntas suman un 5% del número total del
cancer colónico.
El mayor conocimiento sobre la base genética de este trastorno permite
establecer que en el caso del PFA es debido a mutaciones del gen de la poliposis
coli que está localizado en el brazo corto del cromosoma 5, mientras que en la
HNP han sido identificados en los cromosomas 2, 3 y 7.
Si bien la incidencia es muy baja estos neoplasmas hereditarios requieren para
su tratamiento de un grupo médico multidisciplinario que comprenda a
gastroenterólogos, dermatógos, cirujanos, oncòlogos y genetistas.
CÁNCER DEL COLON Y DEL RECTO . El cáncer colorrectal en los EEUU es la segunda causa
de muerte por cáncer, después del cáncer de pulmón.
Entre el 60 y el 80% de los adenocarcinomas ocurren en el
colon sigmoideo o en el recto. El resto se distribuye casi en forma uniforme
por el resto del colon. El tumor se disemina por invasión local
y por diseminación a los vasos sanguíneos o linfáticos
o directamente a la cavidad peritoneal. En 1932 Dukes describió
una simple y útil clasificación como indicador pronóstico
de los resultados de las cirugías (Figura
58).
Los síntomas dependen del lugar que ocupe la lesión (Figura
59). Son ampliamente inespecíficos (quiere decir
que no hay ninguno típico y confirmatorio) y están
relacionados con cambios en el hábito intestinal y sangrado por
recto. Pueden acompañarse por dolor abdominal y pérdida de
peso. Si la lesión está ubicada en el colon derecho en ocasiones
solo puede manifestarse por anemia asociada con sangre oculta proveniente del
sangrado de la lesión o sea que no se observa sangrado en la materia fecal. El
cambio del hábito intestinal, habitualmente constipación alternando con diarrea,
si bien puede deberse a distintas causas entre ellas al llamado "intestino
irritable" no debe ser ignorado, especialmente si tiene un comienzo brusco en
mayores de 45 años
En la actualidad los médicos y la población en general
tienen más en claro que la mayoría de los cánceres colorectales y la mayor causa de muerte por cáncer son
prevenibles mediante técnicas de chequeo inicial (la palabra inglesa
es "screening") y un seguimiento periodico ( la palabra inglesa es "surveillance").
El chequeo inicial es la búsqueda de cáncer y pólipos
precancerosos (adenomas), que son los que tienen la capacidad de
cambiar de un pólipo adenomatoso benigno a un cáncer, en
personas sin síntomas.
Favorece el requerimiento del chequeo inicial y el posterior control
periódico el hecho que el cáncer de colorecto muy a menudo
no produce síntomas en estadíos iniciales cuando un 90% de
los mismos es curable. Si no se lo detecta, típicamente puede pasar
desapercibido hasta que se extiende fuera del intestino en cuyo caso la sobrevida a cinco años está limitada.
Solo un muy pequeño grupo menos del 2% es de origen genético
,y no a partir de un adenoma ,debido a una mutación (cambios) de
los genes responsables. Es de aparición más temprana 45 a
50 años, se localiza en zonas proximales ciego y ascendente y existe
un riesgo aumentado de tumores en otros órganos como endometrio,
cubierta interna del útero ,estómago, ovario e intestino
delgado
El cáncer colorectal tiene varias características
que lo hacen ideal para el chequeo:
1) es común e implica riesgos severos;
2) es fácilmente identificable y se desarrolla lentamente
a partir de la lesión precursora, el adenoma ,cuya remoción
previene su progresión al cáncer;
3) el cáncer colorectal una vez desarrollado se considera
que avanza de forma relativamente lenta de los estadíos que
son rápidamente curables por cirugía (estadíos de
A y B de la clasificación de Dukes);
4) los exámenes recomendados actualmente para la prevención
son fácilmente accesibles.
Existe una evidencia definitiva que el chequeo inicial de individuos
asintomáticos de más de 50 años de edad puede reducir
la mortalidad por cáncer colorectal. A pesar de esta evidencia y
de las recomendaciones realizadas hace ya varios años por el Colegio
Americano de Gastroenterología y por la Sociedad Americana de Cáncer
y más recientemente por la Sociedad Argentina de Gastroenterología,
el cumplimiento de estas directivas aún en los EEUU de donde han
surgido las evaluaciones originales es sólo alrededor del 25%. La
efectividad de todo programa de chequeo inicial en última instancia
depende de la adhesión al mismo. Potenciales obstáculos para
dicha lesión incluyen dudas de los médicos de efectividad
del chequeo, falta de certeza sobre el riesgo en determinadas personas,
la no aceptación de la persona que consulta a realizar exámenes
de materia fecal o endoscópicos y la preocupación del sistema
pagador de la salud en relación a sus costos.
Las estrategias del chequeo dependen de si existe un riesgo normal
o aumentado.
En los casos de riesgo normal se ha demostrado una significante
reducción de la mortalidad por cáncer (15 a 33%) en aquellos
a los que se les hizo un chequeo en relación a aquellos que no se
les hizo. El beneficio se debe a la detección de cáncer temprano
y al descubrimiento incidental de pólipos adenomatosos con lo cual
se previene el cáncer.
En los casos sin riesgo aumentado se ha recomendado la determinación
de sangre oculta en materia fecal con una periodicidad anual y la realización
de una fibrosigmoideoscopía (observacion de la parte izquierda
del colon, lugar de asiento más frecuente de pólipos) cada
5 años. Otra alternativa en este grupo de personas de bajo riesgo
además de la determinación de sangre oculta anual es realizar
una colonoscopía (observación hasta el ciego, parte derecha
del intestino) cada 10 años si la observación no detectó anormalidades. Esta última técnica tiene la ventaja de un mayor acatamiento
por la persona involucrada , se realiza con previa
sedación con una droga de rápida eliminación del organismo
que permite la pronta recuperación del paciente al finalizar el examen
y permite el diagnóstico y el
tratamiento si se encuentra un pólipo.
Si bien esto no previene la aparición de todos los cánceres colorrectales,
teniendo en cuenta la información existente sobre el crecimiento del
adenoma y la progresión en el tiempo de la secuencia adenoma-cáncer,
el chequeo endoscópico a intervalos de 10 años parece razonable.
Controles posteriores:
Los nuevos consensos de la Sociedad Americana del Cáncer y del Grupo de Tareas
Multisocietario sobre cáncer colorectal, en el año 2006 establecieron que en
pacientes con pólipos de menos de 1 cm. adenomatosos con bajo grado de
displasia recomiendan un nuevo control entre 5 y 10 años dependiendo
de la preferencia del médico y del paciente, la calidad del examen endoscópico la
historia familiar de neoplasia de colon. En pacientes con 3 a 10 adenomas
o si alguno es de tipo velloso con alto grado de displasia deben tener un nuevo
examen a los tres años y si éste estudio es normal repetirlo a intervalos de
los 5 años.
En pacientes con adenomas sésiles o sea que no tienen pedículo
o aquellos que son pediculados pero mayores de 1.5 cm. deben
ser evaluados a los 2 a 6 meses para verificar su extirpación completa. Una
vez que ésta se ha comprobado el control posterior dependerá del criterio del endoscopista,
generalmente de 3 a 5 años. Si continúa normal el control puede ser cada 10
años.
En casos con pequeños pólipos hiperplásicos rectales o sea
que no están formados por un tejido adenomatoso y tienen una colonoscopía normal el intervalo con el próximo estudio puede ser de 10 años.
Debe tenerse presente que si bien la videocolonoscopía es
el mejor método actual para la prevención y seguimiento de un posible cáncer de
colon ésta no es infalible y no hay método que elimine completamente el
riesgo del cáncer.
Como se dijera la radiografía de colon por doble contraste
puede no detectar un 50% de adenomas menores de 1 cm según informara
el Estudio Nacional de Pólipos realizado en EEUU.
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